EN 1402, HACE ahora seis siglos y diez años, un grupo de mercenarios normandos a las órdenes del reino de Castilla desembarcaba en la isla africana de Titeroygakat (Lanzarote), del archipiélago canario, donde vivían en libertad los guanches -pueblo de origen bereber o tamazigh-, y estableció una base para atacar las otras islas en la busca y captura de esclavos y de los tintes que necesitaba el aventurero que los dirigía, Jean de Bethencourt, para su Teinturiere, en Normandía
.A lo largo de un siglo, otros mercenarios castellanos fueron viniendo apoyados por la Corona española para ocupar tierras y proseguir el suculento tráfico de la carne de los esclavos guanches, que aunque africanos eran blancos y se vendían mejor en los mercados de Sevilla, Valencia o Lisboa. Durante un siglo se cometió una ilegalidad terrible contra el derecho de los pueblos y se terminó la conquista en tiempos de los reyes Isabel y Fernando, pareja de reyes racistas y explotadores de lo peor que ha habido en Europa, que instalaron las persecuciones religiosas y de ideas nuevas en los territorios que iban conquistando; trajeron la vergonzosa Inquisición con la bendición del papado, su protector el papa español de la familia de los Borgia Alejando VI, y empezaron su criminal reino en la llamada España, expulsando a un pueblo entero, el judío, con lo que comenzó el obscurantismo español, dirigido por el reaccionario cardenal Cisneros, quien quemó miles de bibliotecas, entre ellas las de Córdoba, Granada, Sevilla y todo el Andalus, con todo lo que significó la cultura judeo-musulmana, mozárabe y todas las escuelas de traductores, judíos, árabes y latinos.
Los canarios eran un pueblo pacífico que vivía en sus islas africanas y no habían invadido ni a Castilla ni a Portugal ni a Francia para justificar esta conquista, que se inventaron los castellanos diciendo que eran infieles y que había que convertirlos a la fuerza a la fe cristiana. Con esta disculpa llegaron, conquistaron y convirtieron a muchos a la nueva fe, y una vez convertidos los llevaban engañados a los mercados de esclavos en las ciudades castellanas, pese a las denuncias que hacían los representantes de la iglesia en las Islas contra este tráfico.
La ilegalidad de las conquistas, analizada posteriormente o denunciada, como hicieron el propio padre Bartolomé de las Casas y otros, no tuvo repercusiones, ya que las Cortes europeas se implicaron en el tráfico de esclavos y el robo de las tierras conquistadas. Tuvieron que pasar siglos para que los pueblos colonizados en diferentes continentes encontrasen sus líderes y patriotas que se lanzaran a la lucha para arrancar las independencias de sus pueblos y acabar con la ilegalidad que significó la conquista de dichas tierras, encontrándose enfrente